sábado, 25 de agosto de 2007

Cristina Lizardo: “Lo que más fortaleza me dio fue mi fe en Dios



La senadora Cristina Lizardo nunca se imaginó que un dolor que sentía en su seno izquierdo era el reflejo de una enfermedad que venía creciendo en ella: un cáncer de mama.
Y para su gran sorpresa, el dolor no se lo provocó el tumor maligno que luego le extirparon, (porque el cáncer no duele), sino otro benigno que se había alojado en el mismo seno.
Todo comenzó con un fuerte abrazo que le dio una amiga, que la dejó casi sin respiración. La fecha de ese apretón fue el 20 de enero, justamente cuando celebraba su cumpleaños. Esa vez pensó que no podía evadir la visita al médico, el lunes próximo.
No perdió tiempo a pesar de los compromisos que ya tenía. Asistió el lunes en la mañana a visitar a su ginecóloga, y al no encontrarla se dirigió a su cardiólogo personal, a quien le explicó que sentía un dolor y que también había notado, después de hacerse un autoexamen, una bolita dura, como una piedra.
El médico, de una manera discreta, la envió a hacerse una sonomamografía.
A él le preocupó lo que observó, y aunque no se lo comunicó a Lizardo, la mandó a hacerse una mamografía.
Teniendo los resultados de esos dos estudios, la remitió donde un oncólogo amigo suyo.
El jueves 25 de enero Lizardo se chequeó con el oncólogo. Ese jueves 25 fue el día más tremendo para ella, porque era motivo de la celebración del día de Duarte, y no le podían dar los resultados ese día. Esperó el sábado 27, cuando le confirmaron que tenía un carcinoma.
Cuando el médico le dio esa información, Lizardo se quedó muda por un instante. Luego rompió el silencio para preguntarle qué hacer.
El oncólogo le informó que tenía que hacerse una biopsia para determinar si había o no que quitarle el seno.
“Yo sentí que en un momento me nublé, me detuve a pensar a quién se lo diría primero, porque mi esposo está enfermo, mi mamá también, y acudí a mis hermanos, quienes siempre han sido mis mejores receptores”, confesó.
Se dirigió donde su hermano Simón Lizardo. Después de un momento triste, de llantos y desesperación, su hermano le sugirió que visitara otro médico para escuchar otra opinión.
Cuando acudió a otro médico, la noticia fue la misma, con otro elemento desfavorable: “No debía perder tiempo, porque ya el tumor era de 2.5 (centímetros) y había que evitar que llegara a 3”.
Lizardo y su hermano llamaron a unos amigos médicos a Nueva York, quienes le gestionaron que ella se tratara allá en el Columbia University Medical Center (hospital de la Universidad de Columbia). Ya el 29 de enero Lizardo estaba en Estados Unidos.
“Allá duré un mes haciéndome estudios, y para sorpresa nuestra no era solo uno, sino dos tumores, uno benigno y uno maligno en el seno izquierdo”, narró.
El día de la operaciónLlegó el 6 de marzo, fecha pautada para extirparle los tumores. Ocho días después de la cirugía recibió otra mala noticia: descubrieron que tenía células distribuidas en todo el seno, por lo tanto había que sacarle otra parte.
En ese momento ella tenía que decidir si quería que le extirparan el seno.
“Yo le dije que estaba dispuesta a que me lo extirparan, que me hicieran una mastectomía, porque no podía estar en esa incertidumbre, y eso evitaba que las células malignas me afectaran el seno derecho”, contó.
Así ocurrió. El 20 de marzo le hicieron la mastectomía en el Columbia University Medical Center. La realización de estudios continuaron y la oncóloga consideró que debía someterse a un proceso de quimioterapia.
“Fui sometida a cuatro quimioterapias, fuertísimas, se me cayeron los cabellos, se me pudrió la boca, se me inflamó el ano, se me infectaron los intestinos, se me pusieron oscuras las uñas de las manos y los pies, cambié de color, fue un proceso bastante traumático, pero soportable”, recuerda.
Durante el tiempo que estuvo interna, Lizardo se dedicó a leer los materiales que le suministraron sobre el tema y participó como voluntaria para orientar a otras mujeres latinas que estaban deprimidas.
Fortaleza y fe en DiosLa solidaridad, las expresiones de cariño y de afectos a todo los niveles, hasta de personas que desconocía, la ayudaron a tener fortaleza para superar esos momentos difíciles, pero donde no dio lugar a tristeza, ni llantos.
“Lo que más fortaleza me dio fue mi fe. En todo momento tuve firme de que Dios me daría toda la fortaleza necesaria para enfrentar esa situación. Abandoné mi familia, me concentré en cuidarme, porque la experiencia que tengo es que toda enfermedad atendida a tiempo tiene solución”, enfatizó.
Afirma que nunca se deprimió, ni cuando le informaron que tenía que extirparse el seno. Dejó a un lado la formación cultural de dar tanta importancia a la parte estética.
“Me he dado cuenta que lo más importante es la vida. Tengo una prótesis externa, mucha gente me decía tu cabello se te va a caer, y yo digo, eso es lo de menos. En eso lo que hay que tener es mucha voluntad, y una actitud positiva de que no te puedes detener. Tienes que enfrentar el problema cuando se presenta. Cuando la gente iba triste a visitarme salían diferentes”, comenta.
Ha mantenido buen estado de ánimo y no se ha acomplejado de su presentación física, a tal punto que antes de que se le cayera el cabello se compró su peluca para salir a la calle. Con su peluca puesta decidió reintegrarse a sus labores en el Congreso tan pronto se recuperó, sin sentir nostalgia por esa hermosa y larga cabellera que siempre exibió.
“No podía esperar que me salieran cabellos para salir a la calle. Y eso era una actitud irresponsable de mi parte porque tengo muchos compromisos que asumir”, puntualizó. Ha tenido que cambiar su estilo de vida alimenticio y laboral, aunque todavía reconoce que ha vuelto a retomar un ritmo de trabajo normal que no le favorece.
El médico le informó que no necesitaba más quimioterapias, hormonas, ni radioterapias, y que lo único que tenía era que ir de manera periódica.
Reacciones familiaresSiempre buscó un testigo cuando tuvo que dar la noticia a sus familiares, sobre todo a su esposo y a su mamá, que se encuentran enfermos, porque no sabía como reaccionarían.
Su esposo, que no había rebasado una crisis de un infarto cerebral que lo dejó inválido, tuvo una recaída cuando supo la noticia.
“Mi mamá fue la última en enterarse, se enteró de todo después que yo regresé. Ella pensaba que era una cirugía estética que me estaba haciendo, nunca concibió que yo tenía cáncer, pero yo me encargué de decirle todo a mi mamá, porque después que tu tienes cáncer y te lo eliminan pasas a ser una sobreviviente de cáncer”, apuntó.
Nunca quiso que sus hijas Natalia, de 14 años, y Noelia, de 10, se vieran afectadas emocionalmente. Las hizo parte del proceso y trató de que no la vieran triste.
“Ellas participaron en el tratamiento, no me vieron allá (en el hospital) pero aquí fue peor el tratamiento de la quimio, porque yo me las daba fuera y venía a pasar el malestar a mi país, porque nada como su casa.
Los efectos de la quimio eran cuatro día después, me daban vómito, nausea, falta de apetito. Me la pasaba en mi casa sin visita, porque te va bajando la defensa. Las niñas vieron todo ese proceso, me ayudaban, pero busqué toda las herramientas para que no se afectaran”, explica.
EXPERIENCIAHaber sobrevivido a un cáncer de mama la ha ayudado a profundizar su sensibilidad, a sentir la necesidad de orientar y de ampliar su radio de acción.
Entiende que fue una privilegiada al poder costear los gastos del tratatamiento con la ayuda de su familia y de la institución que representa, pero reconoce que inumerables personas, por su condición económica, no pueden hacer lo mismo.
De su experiencia expresa que le ha surgido la iniciativa de someter, en las próximas semanas, un proyecto de ley que crea la Fundación Alerta Contra el Cáncer de Mama, que permita la detección temprana de cáncer en las mujeres y un apoyo de tratamiento de radio y quimioterapia, consultas ginecológicas a tiempo que permita prevenir.
También está creando las condiciones para establecer una casa de orientación para las familias y mujeres con cáncer.
Recomienda a las mujeres poner atención a los resultados de las sonografías y de las mamografías, y que también aprendan a hacerse el autoexamen.
Señala que en el hospital aprendió junto con una hermana a hacer prótesis y que se le ocurre en esa casa de orientación enseñar a las mujeres cómo hacerse su prótesis.
Dice que uno de sus compromisos también es hacer que al Instituto del Cáncer se le otorgue mayores recursos.
Participará en una campaña de orientación a las mujeres para que se cuiden del cáncer que realizará la compañía Avon.
Seguirá su trabajo en la política. Está concentrada en jugar un papel importante como senadora, porque “quiero ver de qué manera puedo dejar huellas, encaminar el desarrollo de esa próspera provincia”.