
VIENA.- El Papa Benedicto XVI condenó ayer viernes el aborto y pidió a Europa que no reniegue de sus raíces cristianas, en su primer día de peregrinación por Austria, en el que también rindió homenaje a las víctimas del Holocausto.
Ante un auditorio abarrotado por autoridades locales y el cuerpo diplomático en Viena, primera etapa de un viaje de tres días, el Pontífice alzó la voz contra el aborto, por ser contrario, según él, a los derechos humanos, contra la eutanasia y contra una globalización desenfrenada.
“El derecho humano fundamental, la presuposición para todos los otros derechos, es el derecho a la vida (...) Como consecuencia, el aborto no puede ser un derecho humano, es lo contrario”, declaró con voz ronca.
En el lujoso marco del palacio imperial de Hofburg, donde se reunió con el presidente Heinz Fischer, el Papa ha podido deleitarse con las composiciones interpretadas por un cuarteto antes de entrar de lleno en un discurso de marcado carácter político y europeísta.
Como ya se preveía, aprovechó que se encontraba en el corazón de Europa, en un país que ha sufrido una sangría de fieles en las últimas décadas, para arremeter contra la secularización europea.
“Europa no puede y no debe renegar de sus raíces cristianas”, que constituyen “un componente dinámico de nuestra civilización para avanzar en el tercer milenio”, afirmó.
Una Europa, que en su opinión, debería esmerarse en cultivar “su capacidad de autocrítica”, reconocer sus errores, y desempeñar un papel más activo en la escena internacional.
El Papa mencionó los “terribles errores” que sufrió Europa en el pasado y, sigue sufriendo hoy en día, con la “degeneración de la tolerancia en indiferencia privada de referencias a valores permanentes”.
De paso llamó a los políticos a poner coto a la globalización para que no se haga a expensas de los países pobres, ni de las generaciones futuras.
En el ámbito social embistió contra la eutanasia, a la que se refirió con el término de “ayuda activa a morir”, que, según dijo, le preocupa mucho por sus posibles derivas.
Un día que ha estado cargado de emociones, como cuando, con las manos entrelazadas, y acompañado por el rabino Paul Chaim Eisenberg, rindió tributo a aquéllos que sufrieron los crímenes de los nazis con una oración ante el Memorial de la Plaza de los Judíos.
